La rendición de cuentas policial descansa sobre dos pruebas: el video que alguien grabó y la lesión que quedó en el cuerpo. Existe un dispositivo diseñado para anular la segunda, y el Homeland Security acaba de anunciar una compra de entre $10 y $20 millones para repartirlo entre agentes de ICE antes del 31 de marzo de 2027.
Se llama GLOVE, por Generated Low Output Voltage Emitter. Parece un guante de trabajo acolchado hasta que su portador presiona un botón en la muñeca y suelta una descarga dolorosa al tocar la piel. El aviso oficial lo describe como un dispositivo de distracción y desescalada, y precisa quiénes lo recibirán: agentes de Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI) y de Operaciones de Deportación (ERO).
Cómo lo explican quienes ya lo usan
Adam Glueck, subjefe del Departamento de Policía de Cape Girardeau, Missouri, lo dijo en un podcast citado por Mother Jones. Hoy todo el mundo graba con el celular, el guante, en cambio, se ve mejor en cámara y no deja quemaduras ni cicatrices.
En videos promocionales de la propia empresa, Justin Hall, carcelero del condado de Nelson, Kentucky, describe el dispositivo como una gran herramienta para mitigar responsabilidad legal. Bob Couey, del Departamento del Sheriff del condado de Floyd, lo recomienda a quien busque algo que no termine en demandas.
Ese es el argumento comercial dicho por los compradores: la ventaja está en lo que no queda registrado.
Por qué la marca importa legalmente
Sin lesión visible, el caso se vuelve la palabra de una persona contra la de un agente.
Las fotografías de moretones, las perforaciones del táser, los reportes médicos son el material con el que un abogado construye una demanda por uso excesivo de fuerza. Un dolor intenso que desaparece sin dejar rastro complica esa construcción desde el primer día.
El expediente judicial existe de todos modos, aunque cueste más armarlo. Hay una demanda por muerte injusta en curso donde se alega que un hombre de 43 años murió después de que oficiales correccionales lo descargaran 27 veces con estos guantes y 13 con un táser. Dos de esas descargas duraron 45 y 99 segundos, cuando el manual del fabricante recomienda un máximo de 15. Otro hombre demandó en Kentucky tras ser descargado repetidamente estando esposado y con grilletes.
El fundador y director ejecutivo de Compliant Technologies, Jeff Niklaus, sostiene en un video que la tecnología está en más de 400 agencias, 40 estados y nueve países, con más de 40,000 usos, y que hasta ahora no registran lesiones ni demandas. La empresa, con sede en Lexington, Kentucky, fundada en 2018 y cuya dirección pública en línea es un apartado postal, declinó comentar.
Las reglas que no se publicaron
La compra es pública. Las condiciones de uso, no. El aviso especifica cuánto se gasta, quién recibe los guantes y para cuándo, pero no dice en qué operativos pueden usarse, contra quién, con qué umbral de resistencia ni quién revisa cada aplicación.
Un experto en policía consultado por la Associated Press estimó que las lesiones son improbables y que el mal uso quedaría limitado a pocos empleados, con una condición: que existan políticas y entrenamiento sólidos. Esa condición sigue sin publicarse.
La única guía disponible la escribió la empresa: su manual advierte que el dispositivo no debe usarse contra la desobediencia verbal ni como castigo, y desaconseja aplicarlo a menores, personas mayores, embarazadas o personas con discapacidades serias.
Amnistía Internacional clasifica estos aparatos como fácilmente utilizables para tortura. Yumna Rizvi, analista senior de políticas del Center for Victims of Torture, sostiene que se trata de equipo inherentemente abusivo. La fiscal general de Nueva York, Letitia James, advirtió que su uso parecería violar varias leyes estatales.
La otra prueba también se administra
La compra llega en un momento particular. ICE prevé equipar a todos sus oficiales de campo con cámaras corporales para fines de agosto, tras meses de retrasos, pero su política establece que el video se divulga cuando conviene a los intereses de la agencia.
Se publicó cuánto cuesta el equipo y quién lo va a llevar puesto. Lo que falta es cómo se va a saber cuándo se usó mal.




