WASHINGTON D. C.
Ayer murió Claudette Colvin, y es muy posible que su nombre no te suene tanto como debería. Tenía 15 años cuando, en 1955, se negó a ceder su silla en un autobús segregado de Alabama. No fue una pose ni una estrategia: fue una adolescente diciendo “no” porque sabía que la ley y la dignidad estaban de su lado. Y tenía razón.




