No todo el que informa es periodista
Las redes sociales nos han dado nuevas formas de conectar con la gente, de compartir información valiosa, de construir nuestras propias plataformas.
La gente me pregunta todo el tiempo si me considero periodista. Es una pregunta justa —sobre todo cuando me ven entrevistando a miembros del Congreso o desmenuzando noticias en mis plataformas. Pero mi respuesta es no. No soy periodista, y el creador digital del que obtienes tus noticias probablemente tampoco lo sea.
Explico por qué:
El periodismo es una profesión. Está construido sobre formación, estándares y un sentido de responsabilidad hacia el público. Los periodistas pasan por un proceso antes de ser considerados legítimos: obtienen títulos universitarios, aprenden ética, operan bajo una estricta supervisión editorial. Trabajan duro para establecerse como profesionales y cumplen un papel crítico en nuestra democracia. Respeto profundamente el trabajo que hacen los periodistas y el rol que desempeñan en nuestra sociedad.
Claro, lo que yo hago se cruza con eso a veces. Muchas veces, en realidad. Dirijo una plataforma grande que llega a millones de personas, donde comparto noticias. Entrevisto a funcionarios públicos. Explico temas importantes para mi audiencia. Pero no tengo esa formación formal ni el respaldo de los estándares editoriales de una redacción. Y no tengo un título en periodismo, todavía.
Quise ser periodista desde niño. Mi familia dominicana dependía de Jorge Ramos y María Elena Salinas para informarse cada noche en Univision. Recuerdo cómo confiábamos en ellos y sabíamos que lo que decían era importante. Recuerdo a Jorge Ramos transmitiendo en vivo desde Nueva York después del 11 de septiembre y preocuparme por él entre todos esos escombros. Jorge dejó una huella profunda en mí, y me sentí orgulloso de verlo enfrentar a Trump. En 2015 fue expulsado de un evento por hacer su trabajo. Un verdadero profesional.
Crecí con un hermano mayor (hoy productor de noticias ganador de dos premios Emmy) obsesionado con las noticias y la política. Veía la cobertura de The Daily Show sobre las elecciones de 2004 antes de entender realmente qué eran las elecciones —¡y me enfurecí cuando ganó George W. Bush! Sabía que quería sentarme detrás de un escritorio importante, como Jorge Ramos y Jon Stewart. Quería que la gente confiara en mí para decir la verdad y hacer preguntas difíciles, como ellos. Pero la vida pasa, y no pude seguir una carrera de periodismo.
Gracias a las redes sociales, hoy puedo experimentar un pequeño fragmento de eso. Sé lo que se siente cuando la gente confía en ti, cuando esperan escuchar lo que tienes que decir. Es mucha presión, y no me la tomo a la ligera. Por eso estoy regresando a la universidad para completar una carrera en periodismo: porque respeto el título y quiero hacer el trabajo necesario para merecerlo.
No estoy minimizando mi propio trabajo, ni el de nadie más. Sé que lo que hago es importante. Pero por respeto a la profesión, no quiero borrar esas líneas. Y en el ecosistema actual de las redes sociales, creo que todos necesitamos ser más claros sobre estas distinciones. Hay muchísimas personas (¡una barbaridad!) cuyas audiencias los llaman periodistas cuando en realidad son solo creadores de contenido o comentaristas. Y eso genera confusión, e incluso desconfianza, cuando se trata del periodismo real.
Donald Trump ha pasado años atacando a los medios y sembrando dudas sobre nuestras instituciones, dice que no se puede confiar en quienes tienen la tarea de exigirle rendición de cuentas. ¡Qué sorpresa! Hemos visto cómo la confianza en los medios ha caído a mínimos históricos. Y como hoy podemos simplemente buscar a un creador de contenido que cubra las noticias y hable de los temas que queremos escuchar, de la manera en que estamos de acuerdo, los llamamos “periodistas” y les imponemos una responsabilidad que no han ganado.
Durante la Convención Nacional Demócrata de 2024 en Chicago, recuerdo ver a mis colegas discutiendo con reporteros tradicionales que estaban molestos porque se había invitado a nuevos medios a cubrir la convención. Alguien incluso dijo: “Están enojados porque saben que los estamos reemplazando”. Eso me dio escalofríos.
No estamos reemplazando a los periodistas. ¡Y no deberíamos querer hacerlo!
Las redes sociales nos han dado nuevas formas de conectar con la gente, de compartir información valiosa, de construir nuestras propias plataformas. Pero no podríamos hacer nada de eso sin el arduo trabajo de periodistas en todo el mundo —desde Washington, D.C., hasta Irán y Gaza. Dependemos del trabajo de los periodistas para informar a nuestras audiencias, y necesitamos respetarlos, citarlos y defenderlos. Debemos aspirar a trabajar junto a los medios tradicionales, no a competir con ellos.
Entonces, esto es lo que soy: soy el fundador de HeresWhyKevin, una plataforma que busca hacer que las noticias sean accesibles y fáciles de digerir. Pongo la información más importante en un solo lugar para que mi audiencia la encuentre. Cito mis fuentes y permito que mis seguidores profundicen por su cuenta. A veces entrevisto a personas en posiciones de poder y les hago preguntas difíciles sobre temas que nos afectan a mí y a mi comunidad digital. Y me tomo muy en serio la confianza de esa comunidad.
Tal vez algún día pueda llamarme un verdadero periodista. O tal vez tenga un título diferente, un rol nuevo para encajar en esta industria en evolución. Pero por ahora, elijo ser honesto sobre lo que soy, y sobre lo que no soy.
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Kevin Ortega-Rojas es creador digital y fundador de HeresWhyKevin, una plataforma que difunde noticias de actualidad de forma accesible. Su trabajo alcanza a millones de seguidores y genera decenas de millones de visualizaciones mensuales en redes sociales.





