La deportación ahora se mide en dólares
Sacar a alguien por la fuerza cuesta $18,245. Convencerlo de irse solo, unos $5,100. Ya van 132,000 salidas voluntarias.
WASHINGTON D. C.
Hay una estrategia migratoria creciendo en silencio y funciona con una lógica más parecida a la de una empresa que a la de una política pública. Si una deportación cuesta menos, toma menos tiempo y libera espacio en el sistema, entonces es una deportación más eficiente. Se llama Project Homecoming, y los números explican por qué la Casa Blanca le está dando tanto peso.
EL DÍA EN HEADLINES.
➊ ICE PREPARA CUATRO NUEVOS CENTROS PARA ACELERAR LAS DETENCIONES
La agencia planea abrir cuatro centros de detención en Miami, Seattle, Philadelphia y Denver con capacidad para 5,500 inmigrantes. Las instalaciones estarán listas en 30 días, contarán con salas para jueces migratorios y sistemas de videovigilancia, todo esto en medio de un aumento récord de las detenciones inmigrantes y las nuevas críticas por el uso de la fuerza durante los operativos.
➋ SCOTUS TAMBIÉN PIERDE EL RESPALDO DE LOS ESTADOUNIDENSES
La aprobación de la Corte Suprema cayó a un mínimo histórico de 33%, según un último análisis de Gallup, y se suma al bajo respaldo que ya reciben el presidente Trump y el Congreso. El desgaste ya no distingue instituciones: mientras los republicanos cuestionan fallos que frenaron parte de la agenda de Trump, los demócratas mantienen su rechazo desde la anulación de Roe v. Wade.
➌ GOBIERNO PONE FIN AL SUBSIDIO DE MEDICARE PARA MEDICAMENTOS
La administración eliminará el programa que ayudaba a contener las primas de Medicare Parte D y que fue ampliado durante el gobierno de Biden. La Casa Blanca sostiene que beneficiaba más a las aseguradoras que a los pacientes. Los millones de adultos mayores conocerán en septiembre cuánto cambiarán sus primas para 2027.
EN EL SPOTLIGHT.
¿Quién decide qué historias se cuentan (y qué se vende) en los museos nacionales?
La periodista Fabianna Rincón lo decodifica para El Tiempo Latino en colaboración de Tiempo News.
EN PROFUNDIDAD:
¿Puede un partido político cambiar de la noche a la mañana? Sí pero no. Le pasó al GOP con Trump en una década, y ahora algunos estrategas se preguntan si los demócratas están entrando, desde otro punto, en un proceso parecido con el ala socialista. Analizamos las seis etapas de ese cambio y dónde estarían parados hoy.
EN LO QUE SE DICE Y LO QUE NO:
La administración vende Project Homecoming, su programa de autodeportación, como una salida humana y voluntaria que le ahorra miles de millones al contribuyente. Analizamos por qué se maneja como un negocio que optimiza una sola métrica, por qué lo “voluntario” se fabrica con miedo, con la mitad de la gente anotándose ya detenida y por qué cada cama y cada dólar que ahorra no cierran hacen la máquina de deportación más grande.
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EN PROFUNDIDAD.
EL MANUAL (NO ESCRITO) DE CÓMO UN PARTIDO CAMBIA SIN DARSE CUENTA
Los partidos políticos no cambian de un día para otro, y si te vas a la historia, te darás cuenta. Nunca (en un partido político) vas a asistir a una reunión en donde alguien anuncie “desde hoy pensamos distinto”. Primero cambia el lenguaje, después cambian las explicaciones, y más tarde cambian los incentivos. Cuando todo el mundo mira hacía atrás, descubren que el partido ya no es el mismo.
Algo así pasó con el Partido Republicano en la última década. Muchos dirigentes que en 2016 calificaban a Donald Trump como un riesgo para el partido terminaron años después defendiendo sus posiciones, adoptando su discurso o simplemente dejando de cuestionarlo. Ahora algunos estrategas empiezan a preguntarse si los demócratas podrían estar entrando (aunque desde un punto completamente distinto) en un proceso parecido, impulsado por el crecimiento del ala socialista en algunas primarias.
La tesis no dice que republicanos y demócratas sean iguales
Tampoco dice que el Partido Demócrata ya sea socialista, lo que sí plantea es que las transformaciones políticas suelen seguir un patrón bastante reconocible: primero aparece una corriente minoritaria, luego deja de ser rechazada, después empieza a ser justificada y, finalmente, termina influyendo sobre el resto del partido.
En el caso republicano, el proceso tomó casi diez años. Comenzó con dirigentes que criticaban públicamente a Trump, como JD Vance que terminó siendo el vicepresidente, o Marco Rubio que también criticó a Trump y terminó siendo su secretario de Estado. Hoy vemos un GOP donde muy pocos están dispuestos a desafiarlo y si lo hacen, tienen consecuencias políticas.





