Estudiaste, te endeudaste, y el título no rindió: por qué te suena conocido
Hay un votante que hizo todo lo que el sistema le pidió: terminó la universidad, muchas veces un posgrado, cargó con la deuda que venía adjunta, y salió a buscar el trabajo que se suponía que le tocaba. En vez de eso ganó entre $30,000 y $60,000 al año, se mudó a un lugar donde la renta todavía alcanzaba, y empezó a sospechar que el empleo que creía transitorio iba a ser su carrera.
Ese votante está reescribiendo el Partido Demócrata desde la izquierda.
El dato que arranca todo
El analista Nate Silver revisó datos del Cooperative Election Study y encontró un patrón que rompe la regla de siempre. El grupo que con más fuerza está empujando a las primarias demócratas hacia la izquierda socialista no es el más pobre ni el menos educado: son personas con posgrado e ingresos de hogar de entre 30,000 y 60,000 dólares al año.
Los números lo dimensionan. En todo el país, solo el 19% de los graduados universitarios vive en hogares que ganan menos de 60,000 dólares al año. Entre los miembros del Democratic Socialists of America, la proporción es el doble: el 45% está por debajo de esa línea, y más del 80% de los mayores de 24 años tiene título universitario. La regla que les vendieron (más estudio, más ingreso) dejó de cumplirse, y esa ruptura es la que organiza todo lo demás.
Por qué pasa esto
Silver enmarca el fenómeno en una idea del científico Peter Turchin llamada sobreproducción de élites: las universidades gradúan a más gente con títulos (y con deudas pegadas a esos títulos) de la que el mercado puede colocar en los puestos prestigiosos que esos graduados creían que les tocaban.
Jay Caspian Kang, que analizó el mismo grupo en The New Yorker y se incluye en él, lo dice sin cifras. El trato que les vendieron de niños (estudia, ve a la universidad, y vas a estar mejor que tus padres) no se sintió cumplido. Por eso, argumenta, ningún candidato del establishment los convence con propuestas sueltas. Kamala Harris ofreció ayuda para el enganche de la primera casa y créditos fiscales por hijos, y este votante ni siquiera se reconoció en la palabra “clase media” con la que ella le estaba hablando.
Lo que le importa a este grupo de votantes es la concentración de la riqueza, el precio de la vivienda, el costo del cuidado infantil y la deuda estudiantil y no ve por qué algo de eso mejoraría sin sacudir el tablero completo.
No es un solo grupo
Kang separa dos perfiles que comparten política pero no motivo.
Los que él llama Subaru Socialists son millennials de 30 a 44 años, con título universitario e ingreso estable pero menor al que esperaban. Llegaron a su política por la Gran Recesión, Occupy Wall Street y el alza sostenida de la vivienda urbana: la generación que vio de cerca cómo la promesa se despegaba de la realidad.
Los Great Disappointed son más jóvenes, de 22 a 30 años, sin memoria del colapso financiero de 2008. Se formaron durante la pandemia viendo fallar a instituciones que parecían invencibles, y su descontento se organizó menos alrededor de la economía y más alrededor de Gaza.
Dónde ya está ganando
Abdul El-Sayed ganó la primaria demócrata al Senado por Michigan apoyándose en votantes jóvenes y con alto nivel educativo, según un análisis del Washington Post. Melat Kiros derrotó a la veterana congresista Diana DeGette en Colorado. Zohran Mamdani es alcalde de Nueva York.
El encuestador Adam Carlson agrega un matiz que complica la lectura fácil: la edad, incluso más que el nivel educativo, es el mejor predictor de cómo vota alguien en una primaria demócrata. En Michigan se abrió una brecha generacional dentro del electorado negro, los votantes mayores prefirieron a la candidata del establishment, Haley Stevens, y los jóvenes a El-Sayed.
El perfil que describe Kang es mayormente de graduados blancos entre 25 y 40 años. Pero el mecanismo —estudiar, endeudarse, descubrir que el título no rinde lo prometido— no discrimina, y a los graduados latinos les llega con fuerza propia.
El 63.1% de los graduados hispanos salió de la universidad con deuda educativa, por encima del 61.6% de los blancos y del 50.9% de los asiáticos, según Education Data Initiative y cuando llega la hora de pagar, la brecha se ensancha: los prestatarios latinos de préstamos estudiantiles privados enfrentan dificultades de pago a una tasa más del doble que la de los blancos.
Casi la mitad de los prestatarios latinos debe más de lo que tiene: solo el 53% posee un patrimonio neto que supera su deuda estudiantil.
Las dos lecturas
El mismo dato sostiene conclusiones opuestas. Para un lado, esto es evidencia de una desigualdad que el sistema no está resolviendo. Para el otro, es resentimiento buscando culpables en el lugar equivocado. Las dos parten de las mismas cifras: el perfil circula sobre todo en medios de derecha que lo usan para retratar al movimiento como élites frustradas.
Su conclusión de Kang no va sobre políticas públicas específicas. Lo que mueve a este votante, dice, no es tanto un paquete de propuestas como la promesa de cambiar el escenario político.
Y tú, ¿cómo lo vives?





