WASHINGTON D. C.
Llevamos años tomándonos selfies por costumbre, más para el feed que para la memoria. Google le encontró un uso nuevo: grabas un video corto de tu cara y, si algún día pierdes la contraseña, ese clip te devuelve la cuenta. Cómodo, sin duda, hasta que caes en que le estás entregando tu rostro a la misma empresa que ya guarda casi…




