La guerra con Irán no termina, el plan para Gaza se atasca, el conflicto en Ucrania sigue sin una salida y el principal diplomático de Estados Unidos no aparece en ninguna de esas mesas.
La pregunta que todos nos hacemos, ¿Dónde está Marco Rubio? La respuesta (más obvia) pudiera ser que “está acorralado”, pero no, el Secretario de Estado está trabajando a tiempo completo en América Latina, y lo escogió.
Primero, descartemos la teoría del funcionario apartado. Rubio acumula tres cargos al mismo tiempo: secretario de Estado, asesor de seguridad nacional y jefe de los Archivos Nacionales. Va casi a diario a la Casa Blanca, tiene el oído del presidente y estuvo en el podio junto a él tras la captura de Nicolás Maduro, es decir, poder le sobra.
Marco Rubio: lo que eligió y lo que delegó
Rubio lleva personalmente la política hacia Venezuela y Cuba, con su firma en prácticamente cada acción del departamento sobre la isla, incluido un informe de 100 páginas y una campaña de presión máxima.
Mientras tanto, las negociaciones que sí ocupan los titulares las manejan otros. Irán y Gaza están en manos de Steve Witkoff, enviado especial, y de Jared Kushner, yerno del presidente y ciudadano privado sin cargo en el gobierno. Esos enviados le reportan a Trump, no al secretario de Estado, así que las embajadas y los diplomáticos de carrera quedan fuera del circuito.
Pero… el Departamento de Estado defiende su gestión y enumera otros resultados: 175,000 visas revocadas, respuesta rápida a desastres y viajes al Golfo y a Filipinas.
La carrera que se emparejó
Para entender por qué, hay que mirar la pelea por heredar a Trump.
“Me encantaría postularme”, dijo el presidente sobre buscar un tercer mandato que la Constitución no permite, “pero la ley es muy fuerte”. Con eso quedó formalmente abierta la sucesión, y hay una pregunta de dos palabras que él mismo lleva meses haciendo a donantes y asesores: ¿JD o Marco?
Los números cuentan una historia de reversión. Según el Emerson College, hace un año Rubio marcaba un 9% entre probables votantes de primaria republicana. En febrero subió a un 20%, en mayo a un 35% y en julio a un 38%.
Vance recorrió el camino contrario: de un 52% en febrero a un 39% en julio. Lo que era una carrera de un solo caballo hoy se decide por un punto. En cruces hipotéticos de 2028, Rubio le gana a Kamala Harris y a Alexandria Ocasio-Cortez, mientras Vance pierde contra Harris.
La guerra que nadie pidió (puede ser un punto de inflexión)
El 49% de los votantes se opone a la acción militar en Irán y solo el 36% la apoya.
La noche de los ataques, Rubio estaba en el cuarto de guerra improvisado en Mar-a-Lago y Vance en Washington. La diferencia es de reparto: la guerra quedó en el currículum de Vance y en el de Rubio quedó la captura de Nicolás Maduro.
“Rubio opacó a Vance en política exterior”, dice Robert Y. Shapiro, profesor de la Universidad de Columbia.
Noviembre decide sin estar en la boleta
Las midterms funcionan como una primaria anticipada y te decimos por qué.
El Emerson mide la aprobación de Trump en un 40%, con un 56% de desaprobación, y en la boleta genérica del Congreso los demócratas aventajan 51 a 43. Dennis Lennox, estratega republicano de Michigan, plantea el escenario: si en noviembre es una paliza para los republicanos, eso perjudica a Vance y ayuda a Rubio.
¿Por qué dice eso? Porque Vance está atado a la administración de una forma que Rubio, con un perfil de conservador tradicional más que de MAGA, puede administrar mejor si el partido decide que necesita otra cosa.
Pero ojo, aunque las midterms abran el camino, el que reparte la herencia sigue siendo Trump. El Washington Post reportó que en privado ya les pidió a donantes apoyar a Vance. El presidente desestimó ese reporte, dijo que le parece muy temprano para respaldos y sugirió que los dos corran en la misma fórmula.
¿Qué complica esto?
Ninguno de los dos ha lanzado una candidatura. Rubio le dijo a Vanity Fair que se hará a un lado si Vance compite, y Vance dijo que lo decidirá con su esposa después de noviembre.
Aaron David Miller, exnegociador del Departamento de Estado hoy en el Carnegie Endowment, ofrece el matiz que evita el ataque personal: Rubio está escogiendo los temas en los que quiere participar, pero el problema es más grande que él y apunta a una estructura de decisión disfuncional en seguridad nacional.
La trampa de cualquier heredero
Trump está impopular a nivel nacional y sigue dominando dentro de su partido, así que alejarse de él ayuda en una elección general y hunde en una primaria. Quien se quede con el movimiento tendrá que soltar la guerra que viene incluida en la herencia.





