El dato salió con bombos y confeti. El FBI anunció que en 2025 el crimen violento en Estados Unidos cayó 9.7%, la mayor caída anual desde que la agencia lleva la cuenta, en 1936. Los homicidios bajaron todavía más, y su tasa, 4.1 por cada 100,000 habitantes, volvió a un nivel que no se veía desde 1955. La Casa Blanca lo celebró como un triunfo propio, pero ignora que una misma cifra que baja puede contar dos historias muy distintas.
Digámoslo claro, porque la desconfianza también engaña. El descenso no es un invento de campaña. La respaldan rastreadores independientes que no responden a ningún gobierno, y coincide con lo que reportan las policías de las grandes ciudades. Lo que nadie tiene claro es por qué. Adam Gelb, del Council on Criminal Justice, lo resumió con una frase que ya es meme: la caída de homicidios es histórica y clarísima, pero qué la está causando “es tan claro como un vaso de leche”. Traducido, se sabe que bajó, no se sabe bien gracias a qué.
Las explicaciones que circulan son varias y ninguna se impone del todo. El pico de 2020 y 2021 fue una anomalía empujada por la pandemia, el encierro y la crisis social de esos años, y buena parte de lo que vemos ahora es esa ola volviendo a su cauce. Se suman el regreso de programas comunitarios, más presencia policial y una economía que respira. Todo aporta un poco, nada explica el total.
Un tren que ya venía en marcha
La Casa Blanca habla como si hubiera apagado un incendio en siete meses, y en realidad esos mismos datos que lo avalan, si se miran en perspectiva, cuentan otra cosa. La curva empezó a bajar en 2023, con Joe Biden todavía en el cargo, y para cuando Trump llegó, en enero de 2025, el crimen llevaba dos años en descenso. FactCheck.org lo verificó y recordó, además, que varias ciudades sin despliegue de tropas federales bajaron igual o más que las que sí lo tuvieron. Subirse a un tren en marcha no es lo mismo que ponerlo a andar.
El entusiasmo oficial se estira todavía más. El presidente presumió caídas de 70% y hasta 80% en ciudades con Guardia Nacional desplegada, cuando las cifras reales rondaban entre 20% y 39%, y en varias de ellas el crimen ya venía bajando antes de que llegara el primer soldado. Ciudades sin tropas, como Nueva York, consiguieron reducciones parecidas o mejores. El mérito, igual que la causa, sigue sin dueño.
El FBI mide lo que se denuncia
El FBI solo puede registrar los delitos que alguien reporta a la policía, y lo que nunca se denuncia queda fuera de la cuenta. No se siente lo que no se ve. Según la Encuesta Nacional de Victimización, que pregunta directo a las personas, apenas 4 de cada 10 delitos violentos llegan a oídos de la policía en un año cualquiera. El resto no existe para la estadística. Cuando la gente denuncia menos, el país se ve más seguro en el papel aunque en la calle no haya cambiado nada.
Y hay un grupo que este año tuvo motivos de sobra para no llamar. Con las redadas de ICE convertidas en política de Estado, para muchos inmigrantes marcar el 911 dejó de ser un reflejo y pasó a ser un riesgo. No, no es una hipótesis. Un estudio de la Universidad de Illinois en Chicago encontró que 44% de los latinos denunciaría menos un delito por miedo a que la policía pregunte por su estatus migratorio o el de los suyos. Y ya vimos la película. En 2017, cuando arrancó la primera ola de deportaciones, el jefe de la policía de Los Ángeles reportó que las denuncias de agresión sexual entre latinos habían caído 25% y las de violencia doméstica 10%, mientras en el resto de la ciudad se mantenían. “Imagínense a su hermana, a su madre, sin denunciar una violación por miedo a que separen a su familia”, dijo entonces el jefe Charlie Beck.
Lo de 2017 fue apenas un ensayo comparado con lo de ahora. Las redadas de 2025 son más amplias, más visibles y llegan a lugares que antes se sentían a salvo, desde los tribunales hasta las escuelas. Si el miedo bastó para silenciar denuncias hace ocho años, con un operativo mucho menor, no es descabellado pensar que hoy pesa más. Y cada llamada que no se hace es un delito que, para las cuentas nacionales, nunca ocurrió.
Ahí está el nudo. En las cuentas del FBI, un barrio de verdad tranquilo y un barrio donde nadie se atreve a denunciar se anotan igual, con un cero. El silencio y la seguridad se escriben con la misma cifra. Para la mayoría del país, la caída de 2025 es sencillamente una buena noticia, y lo es. Para una familia de estatus mixto, esa misma cifra puede significar que el asalto de la esquina nunca se reportó y que la llamada jamás se hizo.
¿Estamos más seguros, o solo más callados?



