Durante décadas, el título universitario funcionó como el pasaporte al sueño americano: lo colgabas en la pared y la carrera venía sola. Esa promesa hoy pesa lo mismo que una pluma.
Cruzando todas las líneas habidas y por haber
Durante décadas, el título universitario funcionó como el pasaporte al sueño americano: lo colgabas en la pared y la carrera venía sola. Esa promesa hoy pesa lo mismo que una pluma.