"Alguien tiene que hacerlo”, la violencia política y lo que estamos normalizando sin darnos cuenta
La violencia política encontró un nuevo idioma: el meme. Y lo que eso dice sobre el momento en que vivimos no es cómodo de leer.
“Someone has to do it”.
Aparece solo, sin contexto, en X y en Bluesky, con miles de retuits y sin ninguna explicación, la gente que sabe a qué se refiere, lo sabe. Hasan Piker, el comentarista político de izquierda, dio su argumento “es una señal de que la sociedad está molesta” y, según él, “es una gran oportunidad para organizar una revolución”.
Hay una diferencia importante entre rabia política legítima y el tipo de lenguaje que normaliza hacerle daño a alguien, y lo que está pasando en redes sociales en este momento borra esa línea de manera bastante sistemática.
La tragedia se convirtió en contenido
Cuando Charlie Kirk fue asesinado en septiembre del año pasado, lo que siguió en redes sociales no fue una condena homogénea sino canciones generadas con inteligencia artificial, compilaciones de sus últimas palabras y cuentas enteras construidas sobre el hecho. Lo mismo ocurrió con la congresista Melissa Hortman y su esposo en Minnesota, con el ataque al esposo de Nancy Pelosi y con los repetidos atentados contra Trump: cada evento encontró su versión viral antes de encontrar su análisis.
Según Pew Research, el 85% de los estadounidenses, en proporciones casi idénticas entre republicanos y demócratas, dice que la violencia política está aumentando en el país, pero hay muy poco consenso sobre las causas.
La mitad culpa al lado contrario y el algoritmo se encarga del resto.
Tres factores que nos trajeron hasta aquí
El primero es el más obvio y también el más ignorado: las condiciones materiales. La gente sencillamente no está sintiendo un cambio positivo en su vida, el costo de la vida sigue subiendo, la guerra con Irán disparó el precio de la gasolina, el alquiler sigue siendo inalcanzable para una generación entera y se ha vuelto un meme decir “nunca voy a poder comprar una casa”.
Los memes que vienen de la frustración real son los que más se comparten porque tocan algo verdadero.
El segundo factor es el ecosistema informativo. El ciclo de noticias de 24 horas creó a la generación más informada de la historia y también a la más desinformada, porque el algoritmo no premia lo que es más preciso sino lo que genera más engagement, y lo que genera más engagement es la ira, la división y la indignación. Eso es lo que el sistema produce porque eso es lo que el sistema recompensa.
El tercero es el que más incomoda porque toca a los dos lados: la retórica de los propios líderes. Trump dijo que “una civilización entera morirá mañana” refiriéndose a Irán y Piker defendió públicamente que “Estados Unidos mereció el 9-11”. Ninguno de los dos está en los márgenes: uno es presidente, el otro tiene millones de seguidores.
El Center for Strategic and International Studies lo documentó con datos: la violencia política ha aumentado desde 2016 y la polarización en la cima tiene una relación directa con lo que ocurre abajo.
Los números que nadie quiere leer completos
En 2025, por primera vez en más de 30 años, los incidentes de violencia política de izquierda superaron en número a los de derecha, aunque el CSIS fue cuidadoso en señalar que esto ocurre desde niveles muy bajos y que siguen siendo mucho menores que los niveles históricos de la derecha y el yihadismo. Ese matiz importa y suele desaparecer en los titulares.
El investigador Michael Jensen de la Universidad de Maryland registró 150 ataques con motivación política en el primer semestre de 2025, casi el doble que en el mismo período de 2024, y una encuesta de Harvard encontró que el 40% de los jóvenes estadounidenses considera que la violencia política es aceptable en ciertas circunstancias.
El problema de las burbujas
Adrienne LaFrance señaló en The Atlantic que los dos bandos están contribuyendo a este clima, no porque sean equivalentes en cada instancia sino porque los dos han normalizado un lenguaje que hace más fácil justificar lo que antes no era justificable. El Brookings Institution recomienda diálogo, bajar la temperatura y organizarse para encontrar puntos en común, que es el consejo correcto y también el más difícil de ejecutar en un ecosistema donde el algoritmo te recompensa exactamente por lo contrario.
Cada vez que alguien del otro lado dice algo que te parece inaceptable, el sistema te muestra más de eso, y cada vez que lo ves, te convences más de que no hay nada en común. El resultado son burbujas que se vuelven más densas, más impermeables y más seguras de su propia razón y en ese ambiente, “someone has to do it”.
La violencia política no está creciendo porque la gente se volvió peor, está creciendo porque el sistema (económico, informativo, político) está produciendo las condiciones perfectas para que la rabia no encuentre una salida constructiva y cuando no la encuentra, busca otra.




