Trump lo anunció el 28 de agosto como el mayor acuerdo petrolero en la historia del mundo. Cuatro días después, cuando la Casa Blanca publicó el alcance real y cuál es la empresa involucrada en el pacto.
¿Qué se firmó realmente?
Las autoridades provisionales de Venezuela, lideradas por Delcy Rodríguez, le otorgaron a North American Blue Energy Partners, NABEP, concesiones por 100 años sobre 17 campos del lago de Maracaibo y la faja del Orinoco, con unos 65,000 millones de barriles de reservas probadas. NABEP es, según el propio comunicado de la Casa Blanca, el segundo mayor productor privado de petróleo venezolano.
Después viene la parte estadounidense: NABEP le cedió a Estados Unidos el 35% del capital de su matriz, a través de la Oficina de Capital Estratégico del Departamento de Guerra, y el derecho a comprar a precio de costo el 20% de toda su producción, actual y futura.
Pero, eso no es todo: Washington se queda con el derecho de tanteo sobre el 80% restante y con poder de veto sobre el nombramiento de la junta directiva, que además debe tener mayoría de ciudadanos estadounidenses. El acuerdo se rige por la ley estadounidense y se juzga en tribunales estadounidenses.
Las dos versiones
Delcy Rodríguez habló en cadena nacional el sábado y dijo que el acuerdo dura 25 años, con una meta de más de 1.5 millones de barriles diarios, y que a un precio de referencia de $65 por barril Venezuela recibiría $209,335 millones.
“Por cada barril producido y vendido, cerca de 19 dólares ingresan directamente a nuestro país”, afirmó. También dijo que “Venezuela conserva la propiedad y la soberanía sobre sus recursos”.
El documento de la Casa Blanca habla de 100 años, no de 25. Trump habla de 65,000 millones de barriles y los funcionarios estadounidenses que hablaron con The Hill y con Newsweek mencionan 63,000.
¿La sorpresa? Ninguno de los dos gobiernos corrigió al otro.
Lo que le prometieron a cada quien
La promesa apunta al bolsillo, y el calendario no es casualidad. El Secretario de Estado Marco Rubio dijo que el acuerdo asegura reservas estables y “petróleo de bajo costo en nuestro hemisferio, bajando los precios de la gasolina aquí en casa”.
El galón promedió $4.09 el viernes según la American Automobile Association y hace un año costaba $3.21, por la guerra en el estrecho de Ormuz, no por Venezuela.
A Trump le faltan dos meses para unas elecciones de medio mandato donde ese precio pesa.
El mercado ya votó
Si los operadores creyeran que 65,000 millones de barriles están por entrar al mercado, el crudo habría subido tras el anuncio, ¿la sorpresa? Bajó.
Gerald Kepes, de la consultora Competitive Energy Strategies, califica de “absurda” la idea de un efecto inmediato en los precios. Francisco Monaldi, de la Universidad Rice, dice que un aumento significativo de producción es “altamente improbable” a corto plazo.
Patrick De Haan, de GasBuddy, recuerda que esos 65,000 millones son estimaciones de lo que Venezuela podría tener, no crudo listo para bombear y embarcar. Claudio Galimberti, de Rystad Energy, es más favorable, pero ubica los beneficios “en varios trimestres y, en bastantes casos, años”.
La objeción de fondo
La Constitución venezolana define los hidrocarburos como bienes del dominio público, inalienables e imprescriptibles. En pocas palabras, no se pueden ceder y ningún plazo los prescribe.
El economista Ricardo Hausmann, profesor en Harvard, escribió que Delcy Rodríguez “no tiene legitimidad ni poder constitucional para comprometer a Venezuela en un acuerdo de este tipo” y que “los venezolanos no respetarán este pacto ilegítimo”.
A Rubio le reclamó haber impulsado “un despojo de activos, un acuerdo inconstitucional con un gobierno ilegítimo y opresor”. Desde el chavismo lo llaman la mayor traición petrolera de la historia.
Rodríguez no llegó al cargo por una votación. Asumió como presidenta encargada tras la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero, con el aval del Tribunal Supremo de Justicia, y Washington la reconoció en febrero.
Lo que no aparece en ningún comunicado
El acuerdo ata a los dos gobiernos, porque Trump necesita en Caracas a alguien que ejecute el plan y Rodríguez necesita la mejora económica que la sostenga. Los dos ganan si ella se queda, y eso empuja en dirección contraria a unas elecciones.
El economista Luis Vicente León apuesta a que estos contratos sobreviven con Trump o sin Trump, y que si se modifican no será peor para los inversionistas ni para Washington.
Si tiene razón, la decisión más importante sobre la economía venezolana de este siglo ya está tomada. Los venezolanos podrán votar después. Sobre esto, ya no.






